8.10.07

Hasta que el meridiano pasó...

Hasta que el meridiano pasó
y constelada saliste.

Mientras cesó la música
cantabas.

Todo calló en el mundo;
tan irrepetible
como escucharte
tan mítica y divinidad
acariciando la letra más humana
en unas canciones de tus labios.

...y cuando acabó el canto
la melodía siguió flotando en tu mirada
en un rictus tan fresco
que mi sonrisa
quedó para tus ojos.


Lima, Perú
Mayo de 2007

22.9.07

Ausencia improgramada que se prolongó más de lo que hubiese querido

Han sido semanas en que no he publicado ninguna de mis crónicas. No tengo excusa.

No obstante, espero pronto regresar a mi regularidad de antes. Agradezco vuestra paciencia.


Lima, Perú
Setiembre de 2007

17.7.07

La hija de Dakar

Por petición de mis lectores (ustedes saben quiénes son), les presento un enlace para que escuchen Dakar Daughter, de Don Grusin. ¡Salut!

Ps. Hagan click derecho sobre el link, y luego seleccionen "guardar destino como..." (save as...); de lo contrario, no podrán bajar/oír la pieza.

14.7.07

Dakar Daughter

Pues ahí estábamos ella y yo en el auto, estacionados frente al mar, en uno de aquellos inenarrables atardeceres puertorriqueños. Tenía la laptop encendida, y estaba sonando Dakar Daughter de Don Grusin, aquella preciosa melodía tan cargada de imágenes nocturnas del desierto, de antorchas, de danzas furtivas, del olor de tierra húmeda del África septentrional, de orillas de mar lejano; tan de la Clara de mis poemas de 1996.

Ella enrollaba un cigarrillo de marihuana; yo me daba cuenta de que era la primera vez que se me cumplía exactamente aquella escena que tanto imaginé. Sí, sí; era en ese mismo instante que veía el mar, el poniente, lo maravilloso de estar en un confín del mundo mientras escuchábamos esa pieza de jazz contemporáneo.

Se lo hice saber a ella a borbotones que se entremezclaban de retazos de poemas y emoción.

-Voce não ta certo-, me dijo.

Aunque todo empezó en 1992, más o menos en octubre, si no me equivoco. Cayeron en mis manos algunos CDs: uno de los Rippingtons, otro de Don Grusin, y el último de Special EFX. Ahí descubrí el camino del desasosiego; ahí nació mi inquietud por los fantasmas.

Con el pasar de las canciones y los meses, fui internándome en vericuetos imaginarios, por donde iba siendo envuelto por tantas instrumentalizaciones. Así aprendí que Weekend in Monaco era un viaje desde Lima a través de una América festiva hacia los confines del Atlántico. Vi pasar rostros danzantes en una feria interminable con los trazos de un Colonial Empire. Caminé desolado en las playas de Where the Road Will Lead Us. También imaginé bosques extensísimos al oír Vienna y A Place for Lovers, una y otra vez.

No obstante, Dakar Daughter fue aquella melodía que le diera comienzo al mito de Clara en mi corazón.

No sé cómo iba siendo transportado a una playa nocturna, donde acababa el desierto y empezaba el mar. Era la oscuridad llena de estrellas y antorchas, y una mujer danzaba silenciosa. Sus pasos seguían el ritmo pequeño poético del piano. La mirada de ella… ella… ella… era como buscando una tierra lejana y perdida. Por momentos se detenía, volteaba a mirarme (mientras estaba sentado sobre la arena, contemplándola en mi embeleso), y jugaba a ser inalcanzable.

1996 fue el año en que más acuné a Clara en mis poemas, y con el tiempo la fui buscando como loco por todos lados.

Luego, me casé y la olvidé.

Pero, de pronto, en ese lugar del Caribe, en medio de la nada, apareció esa canción, y con ella, aquella escena del atardecer sin nocturnidad. Todas aquellas imágenes poéticas regresaron.

Cuando terminó la pieza, fumamos un poco de marihuana y bebimos una copita de brandy por los recuerdos. Ahí descubrí que la poesía nos persigue tanto como una dulce memoria; como la fragancia de todos los amaneceres juntos, que a veces olvidamos, son uno solo durante toda nuestra existencia.

Lima, Perú
Julio de 2007

25.6.07

Yo no soy sobrino de Dina Páucar

Durante los años que viví fuera, mi apellido fue motivo de curiosidad. No es común en ningún lado. Tiene una sonoridad peculiar y algo seca. Recuerdo que cuando registré mi número telefónico en la guía de Jacksonville, vi con alegría que era el único y primer Páucar jamás en esa ciudad.

Cuando me entrevistaba con personas, ya sea por razones profesionales o por algún trámite, lo primero que me preguntaban era: ¿cómo se pronuncia? Así aprendí que no sólo era Páucar. También fui Paucár, Paucer, Paucker, Pavkor, y hubo como dos ocasiones en que me presentaron como el señor Parker.

Hacía mis reservaciones con voz grave y cierta arrogancia, a sabiendas de que lo exótico de mi apellido me abriría las puertas. En Puerto Rico fue algo bastante común el que me indagaran acerca del origen quechua del apelativo.

Según mi padre –y no sé si creerle o no-, Páucar significa bello. Entonces, Paucartambo se traduciría a bello campo, o algo así. Y eso me la pasaba respondiendo en todas las ocasiones en que fui interrogado, con la certeza de que jamás a peruano alguno le han atendido con la mayor solicitud.

No obstante, mi regreso a Lima hizo que se obrara un cambio drástico a tal situación. Sabía que al volver, el apellido Páucar sería algo así como un recordatorio de que mis ancestros vienen del Perú profundo, telúrico y vernacular. Es necesario subrayar que en ciertos círculos de la sociedad limeña, tener un apelativo originario de la sierra peruana es una pequeña vergüenza. Es algo que se sabe pero no se dice.

No. Nadie quiere ser cholo, ni indio, ni recién bajado.

Aunque yo fui recién bajado hace poco, y del avión que me dejó nuevamente en Lima, nada menos. Ya estaba preparado para lo peor, o eso fue lo que creía yo.

Sucedió que en mi primera reunión a la que fui, me preguntaron casi a son de burla:

-¿Tú no eres sobrino de Dina Páucar?

Yo respondí muy cabalmente que no, que no conozco ni jamas conocí a nadie de ese nombre en mi familia. Hubo risas, aplausos y palmadas. No entendí nada. Durante el transcurso de la fiesta, más y más personas aludieron a mi apellido y a mi dudoso no-parentesco con Dina Páucar.

-No. Yo no soy pariente de Dina Páucar. Ni siquiera sé quién es.

Luego me explicaron que ella es una cantante folklórica peruana. En los años que anduve revoloteando por el hemisferio norte, ella se convirtió prácticamente en la voz de aquellos peruanos venidos del ande. Se hizo tan famosa tan de improviso, que hasta le hicieron homenajes, especiales de televisión y tantas, tantas cosas. Es el equivalente de una estrella pop en el pequeño universo del género de la música vernacular.

Casualmente, vi uno de aquellos programas en que la ensalzaban contando su historia. Sinceramente hablando, fue un bodrio sentimentalón en que exageraban la vida y milagros de Dina Páucar en una Lima cuyos habitantes eran lo menos creíbles del mundo.

Esa serie fue casi como un símbolo de la mediocridad a la que se aspira. No hubo calidad actoral, ni de guion, ni nada… y hasta la misma Páucar que se presentó como ella misma en algunas escenas hizo una actuación poco menos que deplorable.

Honestamente, no me avergüenzo de los orígenes de mi apellido, ni de su significado en la sociedad peruana. Es más, como escribí anteriormente, tener de nombre Páucar me ha sido bastante beneficioso. Lo interesante será convivir con el hecho que desde ahora se me asociará con aquel fenómeno andino-contemporáneo, algo que no tenía previsto, y que no sé qué tan favorable me será; aunque no sea realmente sobrino de Dina Páucar.

Lima, Perú
Junio de 2007